Historia para Jose Luis

En un pequeño pueblo, rodeado de un mágico bosque donde los árboles susurran secretos al viento, vivía un niño de seis años llamado Jose Luis. Tenía el cabello rizado como los espirales de un caracol y unos ojos brillantes llenos de curiosidad. Jose Luis amaba los coches de juguete que corrían veloces por su habitación y soñaba con ser un gran inventor, como su ídolo, Santa Claus.
Cada día, Jose Luis salía a jugar con sus amigos: Zoe, una niña de ojos verdes que siempre reía, Nacho, un aventurero con una gorra azul que nunca se quitaba, y Hugo, un chico alto y amable que siempre estaba dispuesto a compartir sus galletas. Juntos, exploraban el bosque, imaginando que eran valientes exploradores en busca de tesoros escondidos.
Un soleado día de primavera, mientras jugaban a las escondidas entre los árboles, notaron algo extraño. Muchos árboles ya no estaban allí, y el aire se sentía un poco triste. "¿Por qué hay menos árboles?" preguntó Zoe, con una mueca de confusión en su rostro. "No lo sé," respondió Jose Luis, mirando hacia el lugar donde solía haber un gran roble. "Pero no me gusta."
De repente, un zumbido suave y alegre llenó el aire. Los amigos se giraron y vieron acercarse a un simpático contenedor de reciclaje que tenía una gran sonrisa y ojos chispeantes. "¡Hola, amigos! ¡Soy Recyclo_the_bin!" dijo el contenedor mientras rodaba hacia ellos con un pequeño saltito. "¡Necesito su ayuda!"

"¿Ayuda?" preguntó Nacho, frunciendo el ceño. "¿Por qué? ¿Qué ha pasado?"

Los ojos de Recyclo brillaron aún más. "Los árboles están desapareciendo, y debemos descubrir por qué antes de que sea demasiado tarde. He visto cosas que no debería haber visto y creo que ustedes pueden ayudarme."
Jose Luis y sus amigos se miraron entre sí, llenos de emoción y un poco de temor. "¡Sí, ayudemos a Recyclo!" gritó Zoe, dando un pequeño salto de alegría. "¿Qué tenemos que hacer?"
Recyclo se inclinó un poco, como si estuviera contando un secreto. "Vamos a explorar el bosque. Tal vez encontremos pistas. Pero necesitamos ser cuidadosos."
Así, los cuatro amigos comenzaron a caminar, siguiendo a Recyclo. A medida que se adentraban en el bosque, se dieron cuenta de que el suelo estaba cubierto de hojas secas, pero no solo eso; un extraño sonido resonaba entre los árboles, un suave crujido que parecía venir de todas partes.
"¿Escuchan eso?" preguntó Hugo, mirando hacia el horizonte. "Es como si alguien estuviera trabajando en algo."
"¡Sigamos ese sonido!" dijo Nacho, emocionado. Con determinación, los amigos decidieron seguir el rastro del ruido. Al llegar a un claro, se encontraron con una sorprendente visión: un grupo de criaturas pequeñas y peludas, con grandes ojos y orejas puntiagudas, estaban robando las hojas de los árboles.
"¡Hola! Somos los Guardianes del Bosque," se presentaron las criaturas, levantando las hojas con gran destreza. "Las necesitamos para hacer nuestros hogares."
Jose Luis frunció el ceño, pensando. "Pero… ¿por qué no pueden usar solo las hojas que ya están en el suelo?" preguntó él, con voz temblorosa pero firme. "Así no dañan a los árboles."
"Buena idea," dijo Hugo, apoyando a su amigo. "Si todos ayudamos, podemos construir un hogar para ustedes sin dañar el bosque."

Recyclo aplaudió emocionado, "¡Eso es! Trabajemos juntos."

Pero justo cuando todos empezaban a sonreír y pensar en un plan, un soplo de viento fuerte hizo que todos se callaran de golpe. Las hojas volaron por los aires y las criaturas se miraron entre sí, aterrorizadas. "¡Eso no es normal!" gritó una de las criaturas. "¡Algo malo está sucediendo en el bosque!"
Jose Luis sintió un escalofrío recorrerle la espalda... ¿qué podría estar causando todo esto? En medio de esas preguntas, se sintió más decidido que nunca a descubrir la verdad.
El viento soplaba con fuerza y las hojas danzaban en el aire, creando un espectáculo colorido pero también inquietante. Jose Luis miró a los Guardianes del Bosque, cuyas pequeñas caras estaban llenas de preocupación. Zoe se acercó a su amigo y le dijo: "Jose, tenemos que averiguar qué está pasando. No podemos dejar que los árboles desaparezcan."
"Sí," añadió Nacho, ajustándose la gorra azul. "Debemos ser valientes y encontrar el origen de este viento raro."
Recyclo_the_bin sonrió, tratando de animar el ambiente. "¡Muy bien, pequeños héroes! Ustedes son más valientes de lo que piensan. ¡Vamos a resolver este misterio juntos!"
Con esos ánimos, todos se pusieron en marcha. Caminando por el bosque, el viento parecía guiarles, como si les hablase. "Escuchen," dijo Hugo, "¿oímos algo más?" Todos se quedaron en silencio y prestaron atención. Un murmullo suave se escuchaba entre los árboles.
"¡Allí!" gritó Zoe, señalando hacia una pequeña colina cubierta de arbustos. "¡Vamos a ver qué es!" Los amigos se movieron rápidamente. Al llegar, encontraron un enorme árbol, su tronco estaba torcido y tenía un profundo corte que parecía estar sangrando savia.
"¡Pobre árbol!" exclamó Jose Luis con tristeza. "Quizás este árbol es el que está causando todo este problema. Necesita ayuda."

Recyclo_the_bin asintió. "Debemos cuidarlo. Pero, ¿cómo?"

Jose Luis pensó y pensó, y luego tuvo una idea brillante. "Podemos hacer un vendaje con las hojas que recogimos. Si las cubrimos, el árbol podrá sanarse."

"¡Eso es!" dijo Nacho, emocionado. "Vamos a ayudarlo."

Todos se pusieron a trabajar de inmediato. Llenaron sus manos con hojas y las colocaron delicadamente alrededor del árbol, como si le pusieran una manta suave. Con cada hoja que colocaban, el viento parecía calmarse, y el árbol empezó a verse un poco mejor.
Cuando terminaron, el sol brillaba y de repente, una suave brisa recorrió el bosque. El árbol tembló y, para sorpresa de todos, brotaron hojas nuevas entre las hojas que habían colocado. "¡Miren, está sanando!" gritó Zoe, saltando de alegría.
Recyclo_the_bin aplaudió, "¡Lo hicieron! Trabajar juntos siempre trae buenos resultados. Ahora los árboles estarán a salvo y los Guardianes tendrán un lugar bonito para vivir."
Los Guardianes del Bosque sonrieron, agradecidos. "¡Gracias, amigos! Ustedes son verdaderos héroes. Gracias a su ayuda, el bosque volverá a ser un lugar feliz."
Jose Luis sonrió. "Y aprendimos que si cuidamos a los árboles, ellos cuidan de nosotros."
El sol se ponía, y con el cielo pintado de colores, los amigos regresaron a casa. "Hoy fue un gran día," dijo Nacho, mientras caminaban. "Hicimos algo importante."

"Y todo fue gracias al trabajo en equipo," añadió Hugo, riendo.

Recyclo_the_bin parpadeó alegremente. "Recuerden, cuidar el medio ambiente es un trabajo que nunca termina."
Jose Luis miró a sus amigos, llenos de sonrisas, y se sintió feliz. "Cuando estamos juntos, podemos hacer todo lo que queramos."
Y así, con el sonido del bosque despidiéndose y sus corazones llenos de alegría, los amigos se fueron a casa, sabiendo que habían hecho una diferencia. Con cada paso, llevaban consigo el mensaje de que cuidar la naturaleza es una aventura maravillosa. Fin.

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