Historia para tití

Era un día soleado en el Parque Infantil. Los rayos dorados del sol brillaban en el cielo, y una suave brisa acariciaba el rostro de todos. Tití, una niña llena de energía, saltaba de un lado a otro, emocionada. Su cabello pelirrojo brillaba como el fuego, y sus ojos marrones reflejaban la curiosidad de un mundo por descubrir. Le encantaba la naturaleza, los deportes, la música, los animales y, por supuesto, los videojuegos.
Hoy era un día especial. La maestra de Tití, la Señora Lina, había prometido llevar a los niños a conocer a Windy, la turbina eólica amigable. Todos estaban ansiosos por ver a Windy. Al llegar al campo donde Windy estaba ubicada, Tití se quedó sin aliento. ¡Era tan alta y elegante! Sus palas giraban suavemente, como si estuvieran bailando al ritmo del viento.
—¡Hola, Tití! —saludó Windy con una voz suave y melodiosa—. ¿Te gustaría aprender sobre el poder del viento?
Los ojos de Tití brillaron de emoción. Asintió con entusiasmo, y sus amigos, Pedro y Lía, también se acercaron, llenos de curiosidad.
—Hoy aprenderemos cómo el viento puede ayudarnos a hacer energía limpia —explicó Windy, mientras los niños escuchaban atentamente.
—Eso suena genial, Windy —dijo Lía, con su camiseta de perritos moviéndose mientras saltaba de alegría—. ¡Quiero saber más!

Windy sonrió, y continuó:

—Vamos a hacer un proyecto de campanas de viento. Así aprenderemos sobre el sonido y la energía del viento al mismo tiempo. ¡¿Qué les parece?!
Los niños se pusieron manos a la obra, llenos de entusiasmo. Tití, con su cabello ondeando, empezó a cortar papel de colores. Su amigo Pedro, con una gran sonrisa, recogía ramas del suelo para hacer la estructura. Lía, con sus trenzas bien atadas, pintaba figuras hermosas para decorar las campanas.

—¡Esto será fantástico! —decía Pedro, mientras buscaba más materiales.

Los niños reían, compartían ideas, y cada uno aportaba su creatividad. Pero cuando miraron a su alrededor, su emoción se desvaneció un poco.
—Oh, no... —murmuró Tití, mirando el montón de materiales que habían reunido—. ¡No tenemos suficientes cosas para terminar nuestras campanas!
El viento sopló fuerte, como si quisiera ayudarles, pero aún así, los niños se sintieron un poco tristes. Tití miró a Windy, esperando que su amiga pudiera tener una solución.
—¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó Tití con un susurro, mientras su corazón latía con fuerza, preocupada por el proyecto.

Pero Windy, con su voz suave, les dijo:

—No se preocupen, niños. A veces, las sorpresas vienen del viento. Vamos a buscar juntos más materiales. Quizás el viento nos ayude a encontrar algo especial...
Y así, el grupo se dispuso a explorar los alrededores, sin saber que un giro inesperado les esperaba justo detrás del arbusto que se movía con la brisa. ¿Qué descubrirían?

**Capítulo Final: La Gran Fiesta de las Campanas de Viento**

Tití, Pedro, Lía y sus amigos estaban muy emocionados. Habían trabajado duro recogiendo materiales reciclados de sus casas. Ahora, todas las cosas que habían encontrado brillaban bajo el sol. Había botellas de plástico, latas, cintas de colores y hasta algunas conchas de mar.
—¡Miren lo que traje! —gritó Pedro, levantando orgullosamente una botella de plástico azul.
—¡Es perfecta! —respondió Tití, sonriendo. —Podemos hacer que suene como una campana.

Lía, con sus trenzas amarradas y su camiseta de perritos, dijo:

—Y yo traje estas plumas. ¡Se verán hermosas volando con el viento!

Windy, la turbina eólica, se mecían suavemente, disfrutando de la alegría de los niños.
—Están haciendo un gran trabajo, amigos. Con cada objeto, están creando melodías que le hablan al viento —dijo Windy, con su voz musical.
Los niños continuaron trabajando. Cortaron, pintaron y ataron cosas con cuerdas que hicieron juntos. Cada vez que un nuevo sonido de campana resonaba en el aire, sus corazones se llenaban de felicidad.

Después de un rato, Tití miró a su alrededor y dijo:

—¡Es hora de colgar nuestras campanas en Windy!

Todos corrieron rápidamente a la gran turbina. Con manos pequeñas y corazones rebosantes de emoción, comenzaron a colgar cada una de sus creaciones en las palas de Windy.

—¡Miren, miren! —exclamó Lía—. ¡Ya se ven preciosas!

Justo en ese momento, un fuerte viento sopló. Las campanas comenzaron a sonar, creando una hermosa melodía que llenó el parque. Los niños se rieron y comenzaron a bailar al ritmo de su música.
—¡El viento está tocando nuestra música! —gritó Tití, moviendo sus brazos hacia el cielo.

Windy se sintió muy orgullosa y dijo:

—Gracias a cada uno de ustedes, hemos creado algo mágico. ¡Las campanas de viento son más que solo sonido! Ustedes han aprendido sobre la energía del viento y cómo podemos usarla para hacer cosas hermosas.
Los niños aplaudieron y bailaron, llenos de alegría. Windy giraba con gracia, disfrutando de la música hecha por sus amigos.
—Y no solo eso —continuó Windy—, también han aprendido sobre la importancia de cuidar nuestra naturaleza. Cada vez que reciclan, ayudan a nuestro planeta.
Los niños miraron a Windy con ojos brillantes. Tití, con su cabello pelirrojo brillando bajo el sol, dijo:

—¡Lo haremos siempre! ¡Prometemos cuidar nuestro planeta!

Con una gran sonrisa en sus rostros, los amigos decidieron organizar una fiesta en el Parque Infantil para celebrar su proyecto y compartir lo que habían aprendido.

—¡Sí! ¡Una fiesta! —gritaron todos a la vez.

Así, al siguiente día, juntaron a todos los niños del parque. Colgaron las campanas de viento en diferentes lugares y compartieron su música con las familias. Los adultos, admirados, escucharon la historia de Windy y el poder del viento.
La fiesta fue toda una alegría. Había risas, juegos, y por supuesto, ¡música de campanas de viento por todas partes! Tití, Pedro, Lía y sus amigos bailaron y cantaron, llenando el aire de felicidad.
Al caer la tarde, todos estaban cansados pero felices. Windy, que había sido su amiga durante todo este tiempo, les dijo:
—Gracias, pequeños. Ustedes han hecho que el viento y la música se unan. Recuerden siempre cuidar de la naturaleza y de cada sonido que ella nos ofrece.

Tití miró a sus amigos y, con una gran sonrisa, les respondió:

—¡Siempre recordaremos lo que aprendimos hoy, Windy! ¡Gracias por ser nuestra amiga!
Y así, en un mundo lleno de sonidos y melodías, Tití y sus amigos aprendieron que juntos, podían hacer cosas increíbles, y que el amor por la naturaleza siempre se llevaban en el corazón.

**Fin**

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